MÁQUINA DE HIELO / ACUMULADOR DE FRÍO
La máquina de hielo, también denominada acumulador de hielo, es un sistema de intercambio de calor diseñado para la producción y el almacenamiento de energía frigorífica en forma de hielo, que puede ser utilizada de manera diferida en sistemas de refrigeración industrial, climatización o procesos térmicos que requieren frío de forma continua o intermitente.
Este tipo de solución permite desplazar el consumo energético hacia las horas de menor demanda eléctrica —habitualmente durante la noche— aprovechando tarifas eléctricas más económicas y reduciendo de forma significativa los picos de potencia de la instalación. Como resultado, se mejora la eficiencia energética global y se optimiza el dimensionamiento de los equipos frigoríficos.
Funcionamiento del sistema acumulador de frío industrial
El sistema se basa en un intercambiador de calor sumergido en un tanque de agua. Durante las horas valle, el fluido refrigerante circula por los tubos o placas del intercambiador, provocando la formación progresiva de hielo alrededor del elemento de intercambio térmico. Este proceso da lugar a coronas o bancos de hielo perfectamente controlados.
La energía frigorífica almacenada en forma de hielo se conserva hasta que el sistema la requiere. En las horas de mayor demanda energética, el hielo se funde de manera controlada, aportando frío al proceso sin necesidad de activar equipos de refrigeración adicionales ni sobredimensionar la instalación.
Ventajas de la acumulación térmica con hielo
La incorporación de un acumulador de hielo permite reducir la potencia instalada de los sistemas frigoríficos, ya que una parte relevante de la demanda de frío se cubre con energía previamente almacenada. Esto se traduce en:
Reducción del consumo energético global
Optimización de los costes operativos
Disminución de los picos de demanda eléctrica
Mayor estabilidad del sistema
Aumento de la vida útil de los equipos
Contribución directa a la sostenibilidad energética
Formatos y configuraciones disponibles
Las máquinas de hielo pueden concebirse en múltiples formatos, adaptándose a los requisitos específicos de cada instalación industrial. Entre las soluciones más habituales destacan:
Sistemas con placas tipo Pillow Plate
Sistemas tubulares con tubos lisos, como serpentines
Ambos formatos ofrecen una elevada eficiencia de intercambio térmico, una estructura compacta y una integración sencilla en tanques existentes o de nueva construcción.
Diseño orientado a durabilidad e higiene
Los acumuladores de hielo se caracterizan por un diseño sin aletas, lo que facilita el acceso, la limpieza y la higienización, un aspecto crítico en sectores como la alimentación, la industria química o la farmacéutica. Los materiales seleccionados garantizan una elevada resistencia a la corrosión y una larga vida útil incluso en entornos industriales exigentes.
Aplicaciones principales
Los sistemas de acumulación de hielo se utilizan ampliamente en sectores como la energía y cogeneración, petróleo y gas, alimentación y bebidas, agricultura e invernaderos, industria química, industria pesada, sector naval, climatización y refrigeración industrial, depuración, transporte refrigerado, secado industrial e instalaciones marinas.
ROI habitual
3-12 meses
Eficiencia
acumulador de frío
Garantía
2 años
Diseño
a medida
¿Qué es un acumulador de hielo?
Un acumulador de hielo es un sistema de almacenamiento de energía térmica que produce y conserva frío en forma de hielo durante periodos de baja demanda eléctrica, para utilizarlo posteriormente en procesos de refrigeración industrial, climatización o aplicaciones HVAC.
¿Cómo funciona un sistema de acumulación térmica con hielo?
Funciona mediante un intercambiador de calor sumergido en un tanque de agua. Durante las horas valle, el refrigerante circula por tubos o placas, provocando la formación progresiva de hielo alrededor de las superficies de intercambio. Cuando se requiere frío, el hielo se funde de forma controlada, liberando la energía acumulada.
¿Por qué se utilizan acumuladores de hielo en refrigeración industrial?
Se utilizan para reducir el consumo energético global, desplazar la demanda eléctrica fuera de las horas punta, disminuir la potencia frigorífica instalada y mejorar la estabilidad y eficiencia del sistema de refrigeración.
¿Cuál es la diferencia entre un acumulador de hielo y un sistema de refrigeración convencional?
Un acumulador de hielo permite almacenar frío para su uso posterior, mientras que un sistema convencional genera frío únicamente en tiempo real, lo que implica mayores picos de potencia y consumo energético durante las horas de máxima demanda.
¿Qué ventajas energéticas ofrece un acumulador de hielo?
Permite reducir costes operativos, optimizar el uso de tarifas eléctricas en horas valle, estabilizar el funcionamiento de los equipos frigoríficos, alargar su vida útil y reducir el impacto ambiental de la instalación.
¿Qué tipos de acumuladores de frío existen?
Los formatos más habituales son los sistemas con placas tipo Pillow Plate y los sistemas tubulares con tubos lisos o serpentines. Ambos pueden adaptarse a diferentes volúmenes de tanque y requisitos de proceso.
¿Es posible integrar un acumulador de hielo en instalaciones existentes?
Sí. Los acumuladores de hielo pueden diseñarse a medida para integrarse en tanques existentes o en nuevas instalaciones, adaptándose a las limitaciones de espacio y a las condiciones del proceso.
¿En qué sectores se utilizan los acumuladores de hielo?
Se utilizan en sectores como la climatización industrial, alimentación y bebidas, industria química y farmacéutica, logística del frío, agricultura, invernaderos, industria pesada, sector naval e instalaciones marinas.
¿Qué mantenimiento requiere un sistema de acumulación con hielo?
El mantenimiento es reducido gracias a diseños sin aletas, que facilitan el acceso, la limpieza y la higienización, especialmente importantes en aplicaciones industriales exigentes.
¿Cuál es el retorno de la inversión habitual de un acumulador de hielo?
En función de las tarifas energéticas y del perfil de uso, el retorno de la inversión suele situarse entre 3 y 12 meses.